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domingo, 8 de febrero de 2015

Irrevocablemente




Alfonso Cortés


Por donde quiera que escudriña la mirada,
sólo encuentra los pálidos pantanos de la Nada;
flores marchitas, aves sin rumbo, nubes muertas...
¡Ya no abrió nunca el cielo ni la tierra sus puertas!
Días de lasitud, desesperanza y tedio;
¡No hay más para la vida que el fúnebre remedio
de la muerte, no hay más! ¡No hay más! No hay más
que caer como un punto negro y vago
en la onda lívida del lago,
para siempre jamás...






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