domingo, 28 de marzo de 2021

Dos bananas & el bananero


Joao Cabral de Melo Neto 

                                                        

                                                   A Rodolpho G. de Souza Dantas

 

Entre la catinga tullida y raquítica,

entre una vegetación ruin, de orfanato:

en lo más alto, el cardenal se construye

su torre gigante y de brazo levantado;

quien lo topa, en esas tierras atróficas,

piensa que nació allí por casualidad;

pero es nativo del lugar, y de ahí que se haga 

así de alto y con el brazo para arriba.

Para que, por encima del monte anémico,

desde el país eugénico más allá de las tierras,

se vea la banana que él, el cardenal,

ofrece a la catinga enana y hermana.

 

*

El bananero se da, lustroso de contento,

al fondo de los patios, entre deshechos,

entre montones de basura: hoguera fría

y sin humo, pero humeando mal olor;

y se daría mejor si el diccionario omitiese,

banana, gesto de rebeldía e indecente;

si, más allá de la banana fruta, registrase

banana cosa sin espinazo solamente.

De ahí que el bananero doble como impotente,

la erección de la malanguita, de crudo macho;

y de ahí que se conciba a las bananas sin hueso,

fáciles de desnudar, con carne de ramera.

 

Duas bananas & a bananeira

  

A Rodolpho G. de Souza Dantas

 

Entre a caatinga tolhida e raquítica,

entre uma vegetação ruim, de orfanato:

no mais alto, o mandacaru se edifica

a torre gigante e de braço levantado;

quem o depara, nessas chãs atrofiadas,

pensa que ele nasceu ali por acaso;

mas ele dá nativo ali, e daí fazer-se

assim alto e com o braço para o alto;

Para que, por encima no mato anêmico,

desde o país eugênico além das chãs,

se veja a banana que ele, mandacaru,

dá em nome da caatinga anã e irmã.

 

*

A bananeira dá, luzidia de contente

nos fundos de quintal, com despejos,

Com monturos de lixo: fogueira fria

e sem fumo, mas fumegando mau cheiro;

e mais daria se o dicionário omitisse,

banana, gesto de rebeldia e indecente;

se além da banana fruta, registrasse

banana coisa sem espinhaço somente.

Daí a bananeira dobrar como impotente

a ereção do mangará, de crua macheza;

e daí conceber as bananas sem caroço,

fácil de despir, com carne de rameira.

 

Versión Pedro Marqués de Armas


miércoles, 24 de marzo de 2021

El sol en Pernambuco



João Cabral de Melo Neto

 

                                          A José Sette Câmara

 

(El sol en Pernambuco lleva dos soles,

sol de dos cañones, de tiro repetido;

el primero de los dos, el fusil de fuego,

incendia la tierra: tiro de enemigo.)

Al aterrizar el sol en Pernambuco,

acaba de volar dormido el mar desierto;

durmió porque desierto; pero al dormir

se rehace y puede despegar más vivo;

así, más que encender incendia,

para asolar más desiertos en el camino;

o asolarlos más, hasta un vacío de mar

por donde continuar volando dormido.

 

Pinzón dijo que el cabo Rostro Hermoso

(al que le dicen hoy de San Agustín)

cae por la tierra de más luz en la tierra

(cambió el nombre, quedó la luz viva);

ocurre que hoy duele en la vida tanta luz: 

ella revela real lo real, impone filtros:

los lentes negros, lentes de disminuir,

los lentes de distanciar, los del exilio.

(El sol en Pernambuco lleva dos soles,

sol de dos cañones, de tiro repetido;

el segundo de los dos, el fusil de luz,

revela real la tierra: tiro de enemigo.)

 

 

O sol em Pernambuco

 

O sol em Pernambuco leva dois sóis,

sol de dois canos, de tiro repetido;

o primeiro dos dois. o fuzil de fogo.

incendeia a terra: tiro de inimigo).

O sol, ao aterrissar em Pernambuco,

acaba de voar dormindo o mar deserto;

dormiu porque deserto, mas ao dormir

se refaz, e pode decolar mais aceso;

assim, mais do que acender incendeia,

para rasar mais desertos no caminho;

ou rasá-los mais, até um vazio de mar

por onde ele continue a voar dormindo.

 

*

Pinzón diz que o cabo Rostro Hermoso

(que se diz hoje de Santo Agostinho)

cai pela terra de mais luz da terra

(mudou o nome, sobrou a luz a pino);

dá-se que hoje dói na vida tanta luz:

ela revela real o real, impõe filtros:

as lentes negras, lentes de diminuir,

as lentes de distanciar, ou do exílio.

(O sol em Pernambuco leva dois sóis,

sol de dois canos, de tiro repetido;

o segundo dos dois, o fuzil de luz,

revela real a terra: tiro de inimigo).

 

Versión: Pedro Marqués de Armas


La humareda en el Sertón



João Cabral de Melo Neto


Donde la humareda apenas toma cuerpo;

donde ni puede el barroco festoneado 

de la manguera matriarcal, corpopulenta,

de la que en Mata el humo finge el gesto. 

Ni siquiera el barroco, más torcido pero rastrero, 

de cuando la humareda se hace en el anacardo. 


*

Donde tampoco la humareda toma cuerpo;

donde ni puede enarbolarse de tan rala,

tanto como el aire ralo por el que arbola 

el hilo del árbol que puede, deshilachado.

Donde sin embargo, porque no puede el barroco,

puede ella empinarse esencial, en su único tallo;

unicaule, pero muy distinta del cocotero,

incapaz de ir rectilíneo al enarbolarse;

tallo único más bien de palmera a plomada,

de una palmera-pilastra, sin follaje.



A fumaça no Sertão


Onde tampouco a fumaça encorpa muito;

onde nem pode o barroco mil folheiro

da mangueira matriarca, corpopulenta,

de que na Mata a fumaça finge o jeito.

Nem o barroco, mais torto mas rasteiro,

de quando a fumaça se faz em cajueiro.


*

Onde também a fumaça encorpa pouco;

onde nem pode encopar-se de tão rala,

tanto quanto o ar ralo por que arvora

o fio da árvore que pode, desfiapada.

Onde porém, porque não pode o barroco,

ela pode empinar-se essencial, unicaule;

unicaule, mas bem diversa do coqueiro,

incapaz de ir linheiro ao empinar-se;

unicaule mais bem de palmeira a prumo,

de uma palmeira coluna, sem folhagem.


Versón: Pedro Marqués de Armas


domingo, 21 de marzo de 2021

Agujas



João Cabral de Melo Neto


En las playas del Nordeste, todo padece

a causa de la punta de finísimas agujas:

primero, la punta de las agujas de la luz

(cruda para los ojos y la carne desnuda),

fundidas a ese metal azulado y duro

del cielo de allí, fundido en duraluminio,

y afiladas en la piedra de un mar duro,

de brillo pez no menos duro, de zinc.

Después, a causa de las agujas del aire,

vaporizadas en los alisios de un mar cítrico,

desinfectante, fumigando tales agujas

hasta lavar la arena de basura y de lo vivo.

 

2. 

Sin embargo, en las playas del Nordeste,

no todo viene siempre en aceradas agujas:

así, los alisios que van por allí de visita

no llevan bajo la capa un arma blanca.

El viento, que en otros lados lleva puñales

hechos del metal del hielo, agudísimos,

en el Nordeste sopla brisa: de algodón,

despuntado; viento combo y blando;

y ni siquiera en agosto, al enflorestarse

viento-Mata de la Mirueira la brisa-arbusto,

el viento mete metales dentro del puño:

entonces bate fuerte, pero siempre romo.

 


Agulhas 


Nas praias do Nordeste, tudo padece

com a ponta de finíssimas agulhas:

primeiro, com a das agulhas da luz

(ácidas para os olhos e a carne nua),

fundidas nesse metal azulado e duro

do céu dali, fundido em duralumínio,

e amoladas na pedra de um mar duro,

de brilho peixe também duro, de zinco.

Depois, com a ponta das agulhas do ar,

vaporizadas no alíseo do mar cítrico,

desinfetante, fumigando agulhas tais

que lavam a areia do lixo e do vivo.

 

2

Entretanto, nas praias do Nordeste,

nem tudo vem com agulhas e em lâmina:

assim, o vento alíseo que ali visita

não leva debaixo da capa arma branca.

O vento, que por outras leva punhais

feitos do metal do gelo, agulhíssimos,

no Nordeste sopra brisa: de algodão,

despontado; vento abaulado e macio;

e sequer em agosto, ao enflorestar-se

vento-Mata da Mirueira a brisa-arbusto,

o vento mete metais dentro do soco:

então bate forte, mas sempre rombudo.


Versión: Pedro Marqués de Armas 



martes, 16 de marzo de 2021

Lindbergh: un novelón aéreo

 


Pedro Marqués de Armas


El revuelo que generó en medio mundo el viaje sin escala de Lindbergh entre Nueva York y París, no se hizo sentir menos en Cuba, país que contaba con el mayor número de periódicos por habitantes de América Latina.

Ese 20 de mayo de 1927, la gente se lanzó hacia las redacciones en espera de noticias, en lo que más que una masa, parecía constituir un público transnacional.

El alboroto tuvo, entre sus connotaciones, la de poner al descubierto que una nación es siempre porosa a menos que se le aplique un recorte a lo albanés.

Algunas crónicas testimonian que nunca salió tanta gente a la calle y que jamás se vio a tantos cubanos rodeando las agencias de prensa y estaciones de radio.

Así que la Fiesta Nacional con motivo del aniversario de la República Cubana se vio opacada. 

Los ciudadanos mostraron estar más puestos para la moderna odisea del aire, con todo su suspense, que para lo que ofertaba la tarima patriótica en esa ocasión.

Como las comparsas estaban prohibidas, y los discursos y la recitadera a tres trozos, no hubo mejor festejo que aquel novelón aéreo.

Tras el pionero viaje trasatlántico se sucederían los vuelos de Lindbergh como enviado del progreso y la paz entre las naciones.

Antes de volar a La Habana en febrero de 1928 invitado a la VI Conferencia Panamericana, ya había recorrido México y varios países de Centroamérica, con especial resonancia Nicaragua.

También Colombia, Venezuela, República Dominicana, Puerto Rico e Islas Vírgenes.

A Cuba voló desde Haití.

Cuando el célebre aeroplano aterrizó en el campamento de Columbia tuvo lugar una escena penosa. Como el piloto demoraba en salir de la nave, que llevaba rato en tierra, la prensa y algunos curiosos sospecharon lo peor: que Lindbergh se había estampado contra el periscope.  

Lo cierto es que la gente comenzó a rodear al Espíritu de St. Luis, y la molotera devino avalancha, en lo que la policía reprimía a trocha y mocha, llevándose los periodistas los mejores porrazos.

El asunto era que Lindbergh tenía por costumbre acicalarse para bajar arreglado, es decir, al gusto civil. A fin de cuentas, además de piloto era un alto representante interamericano.  

Se pondría el traje nuevamente, días más tarde, para pasear a Machado sobre La Habana. El paseo duró 24 minutos. El presidente llevaba sus habituales gafas redondas que le daban aspecto de piloto, unos lentes fondo de botella para corregir su pronunciada miopía.

Parecían instructor y alumno, como puede apreciarse en una fotografía donde se ve al presidente señalando la ruta a seguir.  

No faltaron buenas crónicas sobre la estancia habanera de Lindbergh, entre ellas una de Ramón Vasconcelos y otra del desopilante Miguel de Marcos.

El retrato del humorista resultó tan logrado, que no se equivocó José Manuel Carbonell al incluirlo en el tomo La Prosa en Cuba de su monumental Historial de la Cultura Cubana.

El Lindbergh de Marcos era un muñeco que no sabía hilar dos frases seguidas, un timorato acosado por la prensa y por los voraces besos que le enviaban sus ardientes fans desde medio planeta. Este Lindbergh edípico, de mejillas rosáceas, no conocía y no pretendía conocer más amor que el amor de madre.

Los poetas, claro está, hicieron del vuelo el símbolo de los nuevos tiempos.

Algunos, como el venezolano Andrés Eloy Blanco, captaron el lado cómico de asunto: 

Y el Águila voló. Cuando volaba,

desde su altura oyó que el Bagre hablaba

y detuvo su vuelo triunfador.

Y sólo oyó que el Bagre murmuraba:

              

        —¡Eso es valor!


Bagre: eso eres tú,

allí,

aquí,

allá:

Ujú.

Ijí.

Ajá.

Otros, como Pellicer –quien estuvo entre las siete personas que empujaron el aeroplano hacia su hangar en París- se hicieron mejores aviadores tanto en vida como en poesía.

Huidobro, por su parte, voló más alto a partir de ese acontecimiento, dedicándole a Lindbergh un extenso poema que no es sino el embrión de Altazor.  

Pero hubo, en general, más arrebato que eficacia.

Mariblanca Sabás Alomá, que se hacía llamar la bolchevique cubana, echó mano de aviador para confeccionar una receta destinada a los poetas latinoamericanos. A su juicio estos debían dejarse de tanta “estridencia cascabelera para asustar a los burgueses”, y hacerse de un “ojo avizor que descubra mayor poesía en el vuelo de Lindbergh que tras las celosías orientales donde se oculta una amada hipotética.”

Sostenía que Huidobro era artífice de lo nuevo, pero echaba en falta en él -exigente- una actitud combativa. Lo llamo esteta, no apto para el “vuelo revolucionario”. No traspasó ella, sin embargo, el verso aburguesado. Marxista al fin, no le acudieron alas.