miércoles, 10 de enero de 2018

Retrato imaginario de Sade por Man Ray



Un Sade obeso, de perfil, como recortado de una pared de ladrillos que se ha convertido en su piel. Al fondo, la cárcel, idénticas paredes, de la que parece haber sido arrancado. Solo los labios púrpuras, el azul más encendido del ojo, y la blanca esclerótica, rehuyen aquel empedrado suministrándole vida. El resto son grietas, arrugas, impactos de bala.

Tales colores simbolizan la libertad, es decir, la bandera, pero una bandera que no ondea.

Como apunta Lacan, aquí la angustia mira a lo lejos, lo que implica mirar a la vez al futuro y al pasado. No es casualidad, nos dice, que lo que quede de él “tras una suerte de transustanciación de décadas” y una “elaboración imaginaria de generaciones” sea esa forma que Man Ray encontró para representarlo: “una forma petrificada”.  


                                                             DEL BAÚL

                                                                   1999

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