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domingo, 11 de junio de 2017

Estudio de Estética



 Ezra Pound


  Unos cuantos chiquillos desastrados,
con raro entendimiento repentino,
dejaron de jugar, cuando pasabas,
y desde el barquichuelo, a voz en grito:
     "Guarda! Ahí, guarda! ch´e be´a!"
Tres años después de esto, pude oir
a un Dante mozo cuyo apellido nunca supe,
porque hay en Sirmio veintiocho Dantes
       mozos y treinta y cuatro Catulos;
                         y había brava pesca de sardinas, 
                         y las mayores
las metían en grandes cajones de madera
para llevarlas a vender a Brescia,
y él saltaba, cogía los pescados
relucientes, y en vano le mandaban
los otros reprendiéndole: "Sta fermo!"
Como no le dejaban arreglar
el pescado en las cajas 
daba golpes encima de las que estaban llenas
murmurando entre sí, de puro gozo, 
con una frase idéntica:
         "Che be´a."
Y eso me avergonzaba dulcemente.


Traducción E.D.C 

[Enrique Díaz Canedo]


Diario de la Marina, 10 de julio de 1927. 

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