sábado, 20 de febrero de 2021

Hirohito, el mal menor



Magdalena Duany

 

Se ha escrito poco sobre los feminicidios en Lomkob. Algunos antropólogos especulan que el método más utilizado es el veneno, el cual se elabora a través de un proceso litúrgico en el que interviene un chamán con un tiburón muerto o, posiblemente, avispas de mar y sesos de una cría de macaco hembra. No obstante, de lo que se tiene evidencia es que tales venenos tienen la capacidad de causar la muerte. Según un informe de Save the Woman & Children, (el foro ASEM no se ha pronunciado al respecto) entre 1981 y 1999 se contabilizaron en Islas Katalaos entre cinco y once mil fallecimientos sospechosos en mujeres gestantes. Me temo que los datos reales no los conoceremos. Gila Untukmegikat, ginecóloga y activista de los derechos de las mujeres de Lomkob ahonda en el asunto en su último libro Islas Katalaos: Memoria y vergüenza (Delos, 2020), recientemente presentado en Múnich.

Para ponernos en contexto, Lomkob forma parte de las Islas Katalaos, también conocidas como Kǎ tǎ lā sī dǎo, Quần đảo Katalaos o Kepulauan Katalaos. Posee uno de los ecosistemas más preservados del planeta. En ellas hay ibis, tigres, gibones, pandas, tapires, orangutanes, por no hablar del vasto océano, que ofrece todos los frutos extinguidos en nuestra mesa, como el pepino de mar o el pez sierra. Por ley las casas de Islas Katalaos, a excepción del palacio presidencial, son semicirculares con techos a dos aguas, muros de adobe y bambú. La economía se apoya en la siembra de arroz y la pesca sostenible. No hay coches. La población se traslada a pie, en bicicletas o caballos. Motivo por el cual no hay polución ni gases contaminantes. E igualmente por dicha peculiaridad este archipiélago se lo disputan India, China, Taiwán, Malasia, Vietnam y Filipinas. Según Jaidev Green, tataranieto de John Hubert Green, boticario británico que llegó a Islas Katalaos en 1898 a bordo del Ararat con un cargamento de chinos y bacalao en salazón, autoproclamándose rey porque los nativos eran cuatro gatos, Lomkob fue la capital de Kingdom of the Green hasta 1939, fecha en que fue invadida por los japoneses. Terminada la Segunda Guerra Mundial, Dishi Green, nieto de John Hubert Green y padre de Jaidev Green, buscó apoyo diplomático en Asia continental para recuperar el reino de su padre muerto en Australia. Cuestión que no hacía falta porque después de acabada la ofensiva, Japón, que se hallaba en el bando de los perdedores, levantó el campamento para convertirse en potencia mundial y atiborrarnos de aparatos electrónicos. Pese a todo, Dishi Green, que era más inepto que el padre, sentía pavor de pisar en soledad el suelo patrio. En 1951 vio un rayo de luz, o llamarada, según se mire, al conocer en Taiwán a Ranasinghe, líder fugitivo del movimiento nacionalista de Ceilán que no teniendo nada que perder, se sumó a la reconquista aportando séquito, familia, y como Noé, varias parejas de animales. Fue en Islas Katalaos donde nació (con poca repercusión incluso en países bajo la bota imperialista como Laos, Argelia o Costa de Marfil) la alianza internacional “Pan, Libertad y Colonias Libres”. Asimismo de esa alianza nació Jaidev Green. Su madre Emily era hija de Ranasinghe y Anne Young, periodista británica fundadora del Partido Comunista de Ceilán. Como por entonces los reinados iban de capa caída Kingdom of the Green se convirtió en República Democrática de Ranasinghe-Green, con partido único, constitución e impuestos.

Bajo el reinado de Jonás Green, heredero de John Hubert Green y padre de Dishi Green la densidad poblacional de Ranasinghe-Green se estimaba entre cinco y seis mil habitantes. Cuando la ocupación japonesa, Jonás Green se echó a la mar con parte de la población. No todos llegaron a puerto. Entre tanto, y a excepción de los cuanab que se mostraron colaboradores con el enemigo, los khonphainokis que decidieron quedarse fueron exterminados por las bombas norteamericanas o bien por la producción a gran escala de uniformes para el Ejército Imperial Japonés. Labor peliaguda teniendo en cuenta la exquisitez de los adornos. En Islas Katalaos: Memoria y vergüenza, Gila Untukmegikat expone: “Cabe destacar que los japoneses incurrieron en crímenes de lesa humanidad, y las secuelas de los daños colaterales no tienen precedentes. Independientemente, negar el intercambio sociocultural y el crecimiento del PIB sería hacerle el juego al sistema corrupto que impera a sus anchas en Ranasinghe-Green. ¡Jamás habíamos exportado tanto arroz!” En el citado fragmento Gila Untukmegikat peca de optimista o de irredento negacionismo. ¿Qué tiene que ver la katana con la kalimba? En aquel momento la meta de Japón era expandir su Imperio y propiciar “mujeres de consuelo” para elevar el ánimo de los kamikazes que acabarían de abono para los arrecifes de coral y el plancton marino. Es aquí donde aparece la madre de Gila Untukmegikat que, al contrario de tailandesas, malasias, taiwanesas y filipinas, no culpabilizó a Hirohito sino a Jonás Green. Y no es el caso de que el monarca huido fuese merecedor del más absoluto desprecio. Como norma, en una familia solo existe un Green con grinta. Simplemente no caía bien. Gila Untukmegikat es fruto de aquellas maratones sexuales donde solo Dios sabe quién era el último. ¿Trauma no resuelto? ¿Resiliencia? Desde fuera puede pensarse que este dato no es de nuestra incumbencia, sin embargo, es un capítulo deshonroso de la historia nipona y debe contarse.

Tras la creación de la República Democrática de Ranasinghe-Green las islas se volvieron a repoblar con ceilandeses, vietnamitas y chinos. Los llamados por los cuanab khonphainokis, algo que se traduce como foráneos o extranjeros. El tiempo pasó y en 1975 Emily se fugó con su amante trompetista a California para sumarse al movimiento hippie. Para entonces Ranasinghe y Anne Young llevaban un quinquenio o más en el Bardo Chonyid, luego le tocó a Dishi Green hacerles compañía. Según Jaidev Green, quien en 2003 tomó posesión de la presidencia de una república aún no reconocida por la ONU, su padre había sido devorado por una jauría de lamas enloquecidas. Historia bastante inverosímil puesto que las lamas son artiodáctilos y su hábitat natural se encuentra en América del Sur. Y que se tenga constancia, Dishi Green jamás pisó dichas tierras.

En 1981 solo Kundi, que su superficie es de cuatrocientos setenta y dos kilómetros cuadrados, llegó a contar con una población que duplicaba el total que tenían todas las islas en 1939. Por este súbito aumento demográfico Dishi Green, apoyado por el Parlamento Popular y el Ejército de Paz decidieron trasladar la capital que se encontraba en Kundi, de nuevo a Lomkob, y allí construyeron otra dagoda con otro Buda reclinado tallado en roca de granito. Este baby boom trajo como consecuencia una política de planificación familiar parecida a la implantada en China, “un hijo, una familia”. Según Gila Untukmegikat, testigo de los métodos de contracepción, torturas y feminicidios, existen venenos sofisticados pero por su bajo coste los más usados son el regaliz americano, la belladona y la ricina. Igualmente señala que si no morían con la ingesta de esos brebajes lo habitual era que las encerraran en las “habitaciones de pensar”, ¡vaya eufemismo!, donde fallecían por inanición. También afirma que bajo amenaza de muerte por el mismísimo Dishi Green practicó durante dos décadas miles y miles de interrupciones involuntarias. En referencia a las teorías sobre la elaboración de los venenos dice “que no existe ningún chamán ni tiburón muerto”. Y que “lo de sesos de una cría de macaco hembra es un aporte demodé de los expertos occidentales que no tienen ni idea de lo que se hacía en Islas Katalaos cuando no se preparaban venenos”. Actualmente Gila Untukmegikat es la vicepresidenta de la asociación internacional Save the Woman & Children con sede en Ginebra. Saque usted sus propias conclusiones. 




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