viernes, 7 de febrero de 2020

El verdugo y su ayudante



Pedro Marqués de Armas


La fotografía es única. En campo abierto. Por delante, en el extremo inferior derecho, un sacerdote. Y entre las tablas, a lo lejos, unos pocos soldados apostados. Se trata de un enorme entarimado donde van a ejecutar a cinco reos. Su altura es de aproximadamente dos metros; la escalerilla –con barandas– de ocho escalones. No se aprecia al público, pero es obvio que el armatoste ha sido levantado para consumar el espectáculo. Los cincos están atados de tronco, manos y piernas. Cada uno ocupa un banquillo adosado a un saliente del mismo grosor de las patas del patíbulo. Cada uno endosa una capucha negra. Detrás, de derecha a izquierda, conversan el verdugo y su ayudante: dos negros imponentes. Tal vez intercambian instrucciones. Visten de blanco y llevan sobreros de yarey. Uno de los dos ¿cuál? es el célebre Valentín, ahora al servicio de Weyler, quien lo tomó de escolta y Ministro Ejecutor. El aparato, es decir, el collarín, se distingue en el cuello de los primeros reos. Todo indica que irán de dos en dos, de derecha a izquierda. Debajo del entarimado un banco y un barril. Por encima, árboles y montañas.



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