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lunes, 5 de febrero de 2018

El cementerio marino


Paul Valéry

Pecho tranquilo, —cruce de palomas—
Entre pinos palpita y entre tumbas;
El Mediodía justo torna en fuego
El mar, el mar, recomenzado siempre...
¡Oh recompensa, tras un pensamiento:
Largo mirar la calma de los dioses!

¡Qué pura obra de fulgor consume
Diamantes mil de imperceptible espuma!
¡Qué paz, allí parece concebirse!
Cuando sobre el abismo un sol reposa,
Puras labores de una eterna causa,
Cintila el tiempo y el sueño es saber.

Como la fruta se deshace en goce,
Como en delicia múdase su ausencia
Bajo la boca en que su forma muere,
Mi futura humareda aquí presumo,
Canta el cielo al alma consumida
La mudanza en rumor de las orillas.

Tesoro estable, templo de Minerva,
Masa de calma, y visual reserva,
Agua parpadeante, Ojo que guardas
Bajo un velo de llamas tanto sueño,
¡Oh mi silencio!... ¡Edificio en el alma,
Cumbre de oro de mil tejas, Techo!

Templo del Tiempo, que un suspiro suma:
Al punto puro asciendo y me acostumbro,
De mi mirar marino rodeado;
Como a los dioses mi suprema ofrenda,
La reverberación serena siembra
Un desdén soberano en las alturas.

Como la fruta se deshace en goce,
Como en delicia múdase su ausencia
Bajo la boca en que su forma muere,
Mi futura humareda aquí presumo,
Y canta el cielo al alma consumida
La mudanza en rumor de las orillas.

Después de tanto orgullo y ocio extraño
Mas pleno de poder, -¡mírame cielo
De hermosura y verdad, cómo me cambio!-
Al espacio brillante me abandono;
Por mansiones de muertos va mi sombra
Que a su frágil moverse me acostumbra.

Expuesta el alma a llamas de solsticio,
Yo te sostengo, admirable justicia
De la luz, ¡la de armas sin piedad!
Y a tu centro, sin mancha, te devuelvo;
¡Mírate!... Mas aquel que luz devuelve
Supone de mitad árida sombra.

¡De mí, en mí, para mí mismo solo!
Cerca de un pecho fuente del poema,
Entre el suceso puro y el vacío,
De mi grandeza interna espero el eco:
¡Hosca cisterna amarga en que resuena
Siempre en futuro un hueco sobre el alma!

¿Sabes, falso cautivo del follaje,
Golfo roedor de esas débiles rejas,
-Tras mis ojos, secretos deslumbrantes-
Qué cuerpo aquí me arrastra a su pereza,
Qué frente, tierra ósea, aquí me atrae?
Una chispa allí piensa en mis ausentes.

Cerrado, sacro, fuego sin materia,
Ofrecido a la luz, casco terrestre:
Me place este lugar —reino de antorchas—
De oro, de piedra y árboles umbríos,
De mármol, sobre tantas sombras, trémulo;
¡Donde el mar fiel entre mis tumbas duerme!

¡Al idólatra aparta, perra espléndida!
Si con sonrisa de pastor, y solo,
Haga pacer, carneros misteriosos,
Blanco rebaño de tranquilas tumbas,
¡Aléjame las tímidas palomas,
Vanos sueños, los ángeles curiosos!

El porvenir aquí, solo es pereza.
Nítido insecto araña sequedades;
En cenizas, deshecho, el aire sube
A no sé qué severa esencia, todo…
La vida es vasta, ebria de su ausencia,
Claro el espíritu, la amargura dulce!

Reposan bien los muertos en la tierra
Que recalienta y seca su misterio.
Mediodía, suspenso en Mediodía,
En sí mismo se piensa y se conviene…
Testa completa y perfecta diadema,
En ti, yo soy la mutación secreta.

¡Solo yo sé tus miedos contener!
¡Mi arrepentir, mis dudas, mis afanes
Son el defecto de tu gran diamante!
Pero en su noche de pesados mármoles,
Un vago pueblo –de árboles raíces-
Tu partido ha tomado lentamente.

Allí fundidos a una espesa ausencia,
Roja arcilla bebió la blanca especie,
¡Todo don de vivir pasó a las flores!
¿Adónde están las frases familiares,
El arte personal, las alma únicas?
La larva teje donde nació el llanto.

Los gritos de muchachas cosquilladas,
Ojos y dientes y húmedas pupilas,
Seno hechicero que con fuego juega,
Sangre que brilla en el rendido labio,
Le últimos dones, dedos que defienden,
i Todo vuelve a la tierra a entrar en juego!

¿Y tú, gran alma, esperas aún el sueño
Que no más tenga tinte de falacia
Como es aquí, a mis ojos, oro y onda?
¿Aún cantarás cuando vapor ya seas?
¡Todo huye!... ¡Porosa es mi paciencia
Y la santa impaciencia también muere!

Magra inmortalidad negra y dorada,
Consoladora de laurel terrífico
Que hace de muerte seno maternal,
¡Bella mentira y piadoso engaño!
¿Quién no conoce y no rechaza ese
Cráneo vacío y esa risa eterna?

Padres profundos de cabezas hueras,
Bajo el peso de tantas paletadas
Sois ya la tierra y confundís mis pasos;
El roedor, gusano irrefutable,
No está en aquel que bajo losa duerme,
¡Vive de vida y nunca me abandona!

¿Amor, quizás, o de mí mismo odio?
¡Tan cerca tengo su secreto diente
Que cualquier nombre puede convenirle!
¡Qué importa! El ve, él quiere, él sueña, él toca!
Mi carne ama, y –si dormido- aún
A su vida mi vida pertenece.

¡Zenón! Cruel Zenón! Zenón de Elea¡
¿Me has traspasado con la flecha alada
Que vibra y vuela, sin que jamás vuele?
¡Me crea el son y mátame la flecha!
¡Qué sombra de tortuga sobre el alma
-¡Oh sol¡-, Aquiles en carrera, inmóvil¡

¿No, no!...¡De pie¡ En la futura era¡
¡Romped, cuerpo, esta forma pensativa!
¡Bebed, pecho, del viento la nacencia!
En la frescura que la mar exhala
Mi alma retorna… ¡Oh poder marino!
¡Corramos a la onda a revivir!

¡Oh, sí! Gran mar dotado de delirios,
Piel de pantera y clámide calada
De mil y miles ídolos del sol,
Hidra absoluta de azul carne ebria
Que te remuerdes la encendida cola
En tumulto al silencio parecido!

¡Sopla el viento! ¡Tratemos de vivir!
Abre y cierra mi libro el aire inmenso,
¡La ola en polvo irrumpe entre las rocas!
¡Así, volad, páginas deslumbradas!
¡Romped, olas! ¡Romped, aguas en júbilo
El techo en paz picado por los foques!

                                                          

Traducción de  Mariano Brull (1930)


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