jueves, 30 de marzo de 2017

Nātio o las alas de Ícaro



Dolores Labarcena


Con fórceps. Un parto doloroso y primerizo. Qué graciosa, no le falta ni un brazo ni un pie. Tres palmaditas en las nalgas, y lista, a recorrer el mundo. Así fue el nacimiento de Nātio. No igual, pero más o menos semejante al nacimiento de Ariadna, la de Homero. Ambas se pasan la vida entrando y saliendo de un laberinto y repartiendo ovillos de hilos. A diferencia de Ariadna, que solo ama a Teseo, la otra aviva disimiles sentimientos, y es más promiscua.

La palabra Nación proviene de nātio, que a su vez deriva de nāscor, nacer, es decir, nacimiento. Para separar a los bárbaros de la ciudadanía romana, Cicerón dijo: “Todas las naciones pueden ser sometidas a servidumbre, nuestra ciudad no”. Evidente, para Cicerón, Nātio no solo era promiscua sino cortesana, tan compleja y engañosa como el laberinto de Creta, donde ella y Ariadna correteaban a sus anchas. Y tal vez sea cierto, ya que en una de sus acepciones, es “entidad jurídica y política formada por el conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo gobierno”; en otra, “conjunto de personas de un mismo origen étnico y que generalmente hablan un mismo idioma y, tienen una tradición común y ocupan un mismo territorio”. Y, para variar, el pueblo judío ha vivido disperso por los cinco continentes, y se consideran nación, aun hablando lenguas varias: el  Judeoárabe,  el Ladino, el  Yídish, el  Yevánico,  etc.

Lo heredado, las religiones, las costumbres, las lenguas, las ideologías, son lo que conforman esa identificación. No obstante Historia, testigo del nacimiento de Nātio, ha visto cómo lo diferente puede manipularse y reconducirse a la categoría de enemigo. Fieles amantes de Nātio ha habido muchísimos a través de los siglos. Sin embargo, Dédalo es un ejemplo de desencuentro. Así es, aun siendo un reconocido y consagrado arquitecto reventaba de envidia por el talento de Perdix, su sobrino y discípulo en artes mecánicas. Y nada, un buen día lo arrojó por el templo de Atenea, sin miramientos, a una altura de 156 metros a nivel del mar.

Según Goebbels en su “Principio de la transposición”: Si no puedes negar las malas noticias, inventa otras que las distraigan. Y aquí tengo una: Dédalo al advertir que Perdix era un discípulo hábil, y al ver su ingenio con la espina de pescado de donde salió la invención de la sierra, lo premió con un par de alas de manufactura propia. Y fue así que el primer hombre voló. Willi Münzenberg fue otro gran propagandista para el Partido Comunista de Alemania, y estuvo al tanto de las purgas stalinistas, habiendo sido testigo del uso de prisioneros políticos en la construcción del Canal de Moscú. Si bien cuando le estorbó a Stalin, en otoño de 1940, en el bosque de Caugnet, cazadores franceses que quizás buscaban perdices, (el nombre de ese pájaro proviene de Perdix, quien en el poema épico fue transformado  por la diosa que le vio despedido y en picada Necrópolis abajo), encontraron el cadáver putrefacto de Münzenberg, a los pies de un roble, con un trozo de soga todavía atada alrededor del cuello. El veredicto del gobierno de Vichy para su defunción; el cual no incluía interrogatorios a sus camaradas, fue oficialmente que se suicidó. Así las cosas.

De Ariadna sabemos que Artemisa la mató. El cómo y el cuándo ahora mismo no me atañen. Ya que el título de esta prosa alude a Ícaro, y de él hablaré. Justo porque los amantes de Nātio se parecen a Dédalo, asimismo, arquitectos de su destino. Lo que más me conmueve del calamitoso final de Ícaro es lo confiado que era. ¡Sorprendente! Si sus alas, ya fuesen fabricadas por su progenitor, se sostenían con cera, ¿cómo no calculó que si se acercaba al sol se derretirían? Dédalo por supuesto, al observar la inminente catástrofe (y no hay que ponerse en su pellejo porque fue muy maligno con Perdix), se desquició al notar la de plumas que iba soltando Ícaro en caída libre, y aunque lloró a moco tendido, según Homero, continuo volando. Luego en honor al difunto, Dédalo llamó a una isla Icaria. ¡Qué bonito!


No he estado en Icaria, no obstante veo el renacer de otro Dédalo que actualmente goza de la mayor confianza de muchos Perdixs, centenares de Perdixs. Un Dédalo renovado, mañoso, diría que similar al primero, pero sin la oralidad de los clásicos, y para colmo, las alas que proyecta son alegóricas. Y en fin, tampoco me fío de sus dotes de arquitecto. En resumidas cuentas, que de la mitología griega me hago fans de Yápige, otro hijo de Dédalo, carente de biografía, sí. Pero al parecer más sensato.


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