sábado, 8 de julio de 2017

Las islas



Hilda Doolittle

I

Qué son las islas para mí,
qué es Grecia,
qué es Rodas, Samos, Quios,
qué es Paros enfrentándose al oeste,
qué es Creta?

Qué es Samotracia,
alzándose como un navío,
qué es Imbros, desgarrando las olas tormentosas
con su pecho?

Qué es Najos, Paros, Milos,
qué el círculo en torno a Lycia,
qué el blanco collar
de las Cyclades?

II

Qué es Grecia…,
Esparta, alzándose como una roca,
Tebas, Atenas,
qué es Corinto?

Qué son las islas para mí,
qué es Grecia?

III

Qué puede darme el amor de la tierra
que tú no tengas,
qué puede despertar en mí el amor de la lucha
que tú no tengas?

Aunque Esparta entre en Atenas,
Tebas arruina a Esparta,
y todo cambia como el agua,
todo salta, descargando su terror
y cayendo de nuevo.

IV

“Qué te ha dado el amor de la tierra
que yo no tenga”
He preguntado a los tirios
mientras descansaban
en sus barcos negros,
cargados de riquezas;
he preguntado a los griegos
de los barcos blancos
“qué te ha dado el amor de la tierra?”
Y ellos contestaron… “paz”


V

Pero la belleza permanece separada,
la belleza es lanzada por el mar
como una roca estéril,
la belleza es edificada
con restos de navíos
sobre nuestra costa, donde la muerte guarda
la apariencia apacible de la orilla,
donde la muerte, avanza hacia nosotros
desde el fondo.

La belleza permanece separada:
los vientos que acuchillan su playa,
arremolinan la tosca arena
lanzándola hacia las rocas.

La belleza permanece separada
de la islas
y de Grecia.

VI

En mi jardín
los vientos han abatido los lirios;
en mi jardín, la sal ha marchitado
los pétalos primeros del narciso.
y el jacinto postrero;
la sal ha reptado en mi jardín
bajo las hojas del blanco jacinto.

En mi jardín
hasta la flor -del viento- rueda mustia,
rota finalmente por el viento.

VII

Qué son las islas para mí
si te has perdido,
qué es Paros para mí
si retrocedes,
qué es Milos
si te espantas ante la belleza,
terrible, tortuosa, aislada,
como una roca estéril?

Qué es Rodas, Cretas,
qué es Paros, enfrentándose al oeste,
qué, la blanca Imbros?

Qué son las islas para mí
si tú vacilas,
qué es Grecia para mí,
si retrocedes
ante el terror
y el frío esplendor del canto
y su desnudo sacrificio?


Versión de Gastón Baquero


Tomado de Clavileño, febrero de 1943. 


jueves, 6 de julio de 2017

Juguetes



Coventry Patmore


Mi hijo pequeño, el de ojos pensativos
y andadura y lenguaje de persona mayor,
habiendo transgredido siete veces mi ley,
le pegué, y despedí
con ásperas palabras, sin besarlo
–su madre, tan paciente, muerta ya.
Y luego, temeroso de haberlo desvelado,
hasta su cama fui,
mas lo encontré dormido en un sueño profundo,
los párpados sombríos, y las pestañas húmedas
del sollozo final.
Y yo, con un gemido,
sus lágrimas besé, dejando en vez las mías,
pues vi que en una mesa, muy cerca de su almohada,
había puesto a su alcance
unas fichas, su piedrita veteada de rojo,
un pedazo de vidrio pulido por la playa,
cinco o seis caracoles,
un frasco con caléndulas azules,
dos o tres centavitos franceses, todo en orden
para aliviar su triste corazón.
De modo que al rezar aquella noche
a Dios, llorando dije:
“Ah, cuando al fin, frenado ya el aliento
para no molestarte con mi muerte,
y tú recuerdes los juguetes



El aroma del original

A Diego García Elío

En Conversación con los difuntos, una selección de las traducciones que he podido, no querido, hacer a través de los años, y que fue publicada en México por Ediciones del Equilibrista en 1992, argumentaba yo que uno escribe los poemas que se le imponen, no los que quisiera escribir. Como prueba aducía precisamente “Los juguetes”, de Coventry Patmore, pues jamás he distinguido entre los procesos de escribir y traducir poesía. De pronto, como para contradecirme, aparecieron “Los juguetes” en la página.

Cierto es que la dificultad mayor se ocultaba en un solo verso del original inglés. En el poema, Patmore se refiere a un incidente con su pequeño hijo, huérfano de madre. El verso en cuestión dice, con desgarradora e intraducible sencillez “His mother, who was patient, being dead”.

Estas palabras tienen una fuerza escueta, inapelable. La clave está en el gerundio: being. “Being dead” supone una duración, una continuidad de la estancia en la muerte. La solución más fácil, “estando muerta”, no me parece buen español.

El incidente familiar de que hablé me presionaba desde adentro a buscar una solución rápida y satisfactoria. Sucede que mi hijo mayor había regañado con inusitada violencia a mi nieto, y yo deseaba llamarle discretamente la atención.

La fórmula apareció como un relámpago. No podía ser más breve. El adverbio ya sugiere algo que ha sucedido antes del momento en que se habla:

su madre, tan paciente, muerta ya.

A mi parecer, el adverbio sugería una continuidad, una duración en la muerte. Además, tiene toda la fuerza de un monosílabo.

Lo que se aviene con mi modestísima tesis –tomada, como se advierte en el prólogo de aquella selección, del poeta inglés Walter de la Mare– de que a lo más que puede aspirar un traductor es al eco, o mejor, “el aroma”, del original.

Roto así el hechizo que me paralizaba, fueron apareciendo los otros versos que sin duda esperaban pacientes su turno, y ahí están.

Nota y versión de Eliseo Diego



Tomado de Letras Libres, 31 de marzo de 2007. 


viernes, 30 de junio de 2017

Olimpia




Charles Tomlinson


en menosprecio de las ruinas

Esa astuta lagartija 
sabe más de este sitio que yo. Para ella
ésta es una ciudad aún completa,
donde cada fisura lleva
a una avenida soleada o recodo oscuro.
Apruebo su ignorancia en arqueología: 
tampoco yo puedo leer una ruina con facilidad.
Para ella, claro está, la pregunta no se plantea.  
Lo que a Grecia le falta son edificios en buen estado.
No esas ciudades apagadas o restos astillados,
lo que yo admiro es la arquitectura.
Un verdadero edificio te edifica mientras lo miras.
El placer de las ruinas no es infinito.


Versión de María Martell


viernes, 23 de junio de 2017

Estrellas en el agua



Thomas Walsh


Estrellas el agua — tus ojos en mi alma.
Así: ni sol, ni luna de opalescente velo
pido, mientras mi espíritu pueda gozar la calma
de tu estrella, que alumbra, interpretando el cielo.

Sí; aun en pleno día tenaz reminiscencia
de su lumbre me llega, como errante reflejo
que abriera en negra noche brecha de transparencia
para hallar en las aguas turbulentas, espejo.

Estrellas en el agua —y tarda luz fugaz
deja sobre mis valles su adormidor conjuro.
¡Mi corazón, amada, rebosa en plena luz!

Es la hora: en silencio, ante tus ojos, juro:
guardar en el espejo de mi alma, tenaz,
sin eclipse en mi vida un reflejo tan puro.—



Versión de Mariano Brull


Prisma. Revista internacional de poesía, Barcelona, vol. 2, núm. 3, julio de 1922, p. 153. 


miércoles, 21 de junio de 2017

El pacificador




Joyce Kilmer


Pierde su libertad defendiendo la ajena,
Ata su voluntad con brillante cadena. 
Va a borrar con su sangre, sereno y consciente, 
Las manchas de Kultura de Guillermo y su gente. 
Para evitar dolores, siempre heroico y callado. 
Dolores cruentos sufre, valeroso el soldado. 
Tiene que ser guerrero para acabar la guerra
Y concluir la lucha que ensangrenta la tierra. 
Cuando la noche eterna llega, artera y falaz,
Muere con la esperanza de que venga la paz. 
¿Qué le importa la muerte? La libertad es viva
Y no puede haber paz si la deja cautiva!
La Libertad defiente, desafiando al infierno. 
Y con su valentía detiene el fuego eterno. 
Desde la Santa Cruz, de espinas coronado, 
Sonríe al Capitán, Adelante, Soldado!
Que concluirá la guerra, verá la paz el mundo
Y callarán los Hunos con silencio profundo. 


Traducción de Maria Luisa Milanés



Diario de la Marina, 10 de junio de 1927. 


viernes, 16 de junio de 2017

Las ventanas de las fábricas




Vachel Lindsay


Las ventanas de las fábricas siempre están rotas. 
Todos los días hay quien les arroje piedras,
quien les eche puñados de cal y de ceniza,
quien haga zanganadas para vengarse de ellas. 

A nadie se le ocurre arrojar la amargura
de una pedrada aleve y burlona a la iglesia. 
Las ventanas de las fábricas siempre están rotas. 
Algo sucede acaso que tal vez no convenga. 

Las ventanas de las fábricas siempre están rotas. 
Los otros edificios tienen ventanas buenas.
Algo hiede a podrido... creo que en Dinamarca. 
Y aquí termina el canto para quien lo comprenda. 


Traducción Hipólito Mattonell 



miércoles, 14 de junio de 2017

La verja



Carl Sandburg


Ya se acabó la casa de piedra junto al lago y los trabajadores ya están empezando la verja.

La verja es de barras de hierro con puntas de acero, capaces de arrancar la vida al que se enganche en ellas.

Como verja es una obra maestra contra la gentuza de los vagabundos y muertos de hambre, contra los chicuelos errantes que buscan sitio en qué jugar. 

Porque entre las barras y sobre las puntas de acero nada puede pasar como no sea la Muerte, la Lluvia y el Mañana.


Traducción E.D.C

[Enrique Díaz Canedo]

Diario de la Marina, 10 de julio de 1927. 


domingo, 11 de junio de 2017

Estudio de Estética



 Ezra Pound


  Unos cuantos chiquillos desastrados,
con raro entendimiento repentino,
dejaron de jugar, cuando pasabas,
y desde el barquichuelo, a voz en grito:
     "Guarda! Ahí, guarda! ch´e be´a!"
Tres años después de esto, pude oir
a un Dante mozo cuyo apellido nunca supe,
porque hay en Sirmio veintiocho Dantes
       mozos y treinta y cuatro Catulos;
                         y había brava pesca de sardinas, 
                         y las mayores
las metían en grandes cajones de madera
para llevarlas a vender a Brescia,
y él saltaba, cogía los pescados
relucientes, y en vano le mandaban
los otros reprendiéndole: "Sta fermo!"
Como no le dejaban arreglar
el pescado en las cajas 
daba golpes encima de las que estaban llenas
murmurando entre sí, de puro gozo, 
con una frase idéntica:
         "Che be´a."
Y eso me avergonzaba dulcemente.


Traducción E.D.C 

[Enrique Díaz Canedo]


Diario de la Marina, 10 de julio de 1927. 

viernes, 2 de junio de 2017

Traducciones del chino



Christopher Morley


Experiencia del Mandarín 

Cuando el barco arribó al puerto
los reporteros de Nueva York
se apresuraron a asaltarme con preguntas.
Por alguna curiosa razón
querían indagar mis puntos de vista
sobre la Cuarta Dimensión
que era entonces
(según supe después)
asunto de discusión violenta
en las Secciones Dominicales Ilustradas.
Más bien complacido por su interés en tales cuestiones
dije, de toda buena fe:
"La Cuarta Dimensión es Supra Especial:
guarda la misma relación al Espacio
que el Espacio a un Plano.
Puede llamársele Continuidad,
o, poéticamente hablando, es la Sombra
que el Tiempo arroja sobre la Eternidad".
Pero los bien humorados Editores de la Ciudad
encontrando estos modestos pensamientos míos
insuficientemente ligeros
inventaron otros.
Esta tarde, con grandes cabezas salieron:
ANCIANO MANDARÍN DICE QUE LAS FALDAS CORTAS
LO HACEN SENTIRSE JOVEN NUEVAMENTE.


El Viejo Mandarín

Cuando visitaba América
vi dos cosas que me sorprendieron por extraordinarias:
gente empacada en el subway
balanceándose incómodamente en sus corvas
estudiando sin fin los periódicos
y gente empacada en los cines
mirando sin fin las películas.
Me dije:
si el pueblo norteamericano llega a desarrollar su mente
hay dos grandes industrias
que se arruinarán.


Inscripción para un casillero

A veces
al devanar las hojas de un libro
el ojo ase una frase luminosa
que una búsqueda metódica a través del volumen
no logra re-descubrir.
Así también, cada día,
hay momentos de brillante atonismo
que mi sobria retrospección
no puede nunca definir.


Aspecto útil del periódico

Y en cuanto a los periódicos
(dijo otro)
olvida usted que son el último amigo
que resta a muchos pobres diablos.
Vaya usted a Bettery Park
y vea a los chicos que yacen en el pasto.
Sus sábanas, sus almohadas,
son sombrillas, son periódicos,
periódicos sus biblias,
periódicos sus biblias.
Cuando todo lo demás se ha ido
un pobre diablo se agarrará a su periódico
como a su último lazo con la vida


Un místico americano

Pero usted no entiende el subway
dijo un místico americano
sentado junto a mí en el Rotary Club:
es una ermita viajera,
un monasterio en vuelo,
un convento que viaja a cincuenta millas por horas.
A sus ruidosos carros
descienden alegremente hombres y mujeres sensatos.
Saben que allí,
único lugar en la ciudad entera,
nadie podrá perturbar su meditación.


Traducción de Salvador Novo


Diario de la Marina, 10 de julio de 1927. 


martes, 23 de mayo de 2017

Pesadilla de mediodía



Stephen Vicent Benet


No han abierto trincheras en el parque —todavía.
Y no caen soldados desde el cielo.
En el parque el día está lindo y claro, brillante y cálido.
Los árboles están llenos de hojas verdes, cargadas de verano.
Zumba un avión en lo alto, pero nadie se asusta.
No hay por qué asustarse en la ciudad hermosa y grande.
Que no fue edificada para una guerra. Hay mucho
             tiempo por delante.
En Noruega tenían tiempo por delante, pero aquello cayó.
AI despertarse vieron los aviones de las cruces negras.
Al despertarse oyeron los cañones rodando por las calles.
Al principio no podían creerlo. Era difícil de creer.
Si ellos habían sido amables, y prósperos, e ingeniosos…
Si habían logrado hacer artes dignas, y llevar vida honesta
             y en paz por muchos años…
Parece que nada de eso fue bastante.
Si allí había gentes que escribían libros y que pintaban cuadros.
Y trabajaban, y llegaban cansados a casa, con ganas de estar solos.
Si se habían reído de los Césares falsos, que rugen 
             y echan espuma por la boca.
Si se habían reído de sus aires, y del paso, y del brazo extendido…
Parece que nada de eso fue bastante. Eso no era bastante.
Al despertar vieron los aviones de las cruces negras.
Hay yerba en el parque. Y los niños en la ancha pradera.
Al cuidado de unas monjas sofocadas y apacibles.
Donde se da de comer a los patos.
Están los niños negros y los blancos y las solícitas maestras.
Que no cesan de contarlos como si fueran pollitos.
                                      Da mucho trabajo
Llevar al parque a tantos niños;
Pero cuando hayan merendado se marcharán para sus casas.
(Y eso que bien podrían tener casas mejores en la rica ciudad).
Pero no habrá que mandarlos a Kansas, o a Michigan
En un plazo de veinticuatro horas,
Aturdidos, azorados, abrazándose a sus juguetes rotos.
Llenando por cientos de cientos los trenes oscuros
Para ponerlos a salvo, para que puedan vivir y no se mueran.
Para que de algún modo no se mueran, y vivan.
Eso sí siquiera se nos ocurre. Hay mucho tiempo.
Sabemos que en Holanda algunos niños tuvieron menos suerte.
Era difícil mandarlos a otra parte de Holanda.
Es un país tan chico, y aquello fue tan rápido..
Las bombas desde el cielo, qué saben de los niños.
Los que ametrallan no distinguen. En Rotterdam
Una cuarta parte de la ciudad quedó hecha añicos
Y en ella había, como es natural, edificios corrientes
Con las cosas usuales en ellos, como gatos y niños.
Rotterdam era una ciudad vieja y apacible,
Limpia, pulcra, llena de flores
Pero parece que eso no era bastante,
No fue bastante para mantener a salvo a sus niños.
Todo acabó en una semana. Y así acabó su libertad.
Aquí no hay todavía sirenas de alerta en el parque.
Las ventanas que hay a su alrededor aún tienen intactos los cristales.
El hombre que está sentado en aquel banco lee un periódico en yiddish,
Y aunque parezca raro, no van a matarlo por eso.
Ni a azotarlo siquiera, ni a meterlo en la cárcel.
Todavía no; todavía no.
Se puede ser finlandés o danés y ser americano
Se puede ser alemán o francés y ser americano.
Judío, o europeo sucio, negro, cochino irlandés —todos esos nombres
Con que nos insultamos —y ser americano.
Estamos hechos a eso hace ya rato.
Entra en la fonda de Joe y di a los camioneros
Que eres de una Raza Superior, y se reirán de tí.
“Qué es eso, tú, ¿jerizonza?
También yo aquí soy extranjero, pero éste es un país libre.”
Es un país libre…
Claro que sí, que reconozco nuestros defectos,
             y cómo es la cosa por el otro lado,
La soga del que lincha, la justicia comprada, las tierras baldías,
La escama de la hoja, el gusano del trigo.
Los guardias con sus porras, el ciclo gris de la beneficencia pública.
Toda la gran vergüenza de nuestros corazones, y la gran desunión.
Pero yo sólo advierto que como país, lo hacemos lo mejor que podemos.
Como país, yo creo que lo hacemos.
En España trataron de hacerlo, pero los tanques y los aviones 
             pudieron más.
Allí lucharon bien, y mucho tiempo.
Lucharon por ser libres, pero parece que no fue bastante.
No tenían armamentos. Y por eso perdieron.
En Finlandia trataron de hacerlo. La resistencia fue sagaz,
Hábil, inteligente, mantenida por unos hombres libres.
(Pero esa resistencia está ya terminada)
Nosotros, pueblo de buen carácter, despertamos despacio.
(Ese es nuestro pecado, o nuestra virtud). Nos gusta colocar
A un hombre en lo más alto del poder para tirarle piedras luego.
No nos gusta la guerra, y nos gusta decir lo que pensamos.
Estamos hechos a ello.
                                   Hay ciertas palabras,
Nuestra y de los otros, a las que estamos hechos
             —palabras que hemos usado,
Y oído, y tenido que recitar, y olvidado;
Que ya han cogido lustre en el bolsillo; que nos hemos dejado en casa, 
              de recuerdo;
Que heredamos; que guardamos en el último cajón;
En el baúl cerrado con llave, en el fondo del espíritu de paz.
Libertad, Igualdad y Fraternidad
A nadie se penderá, rehusará o negará el derecho y la justicia.
Y estas verdades las creemos evidentes.
Pero yo me pregunto: y si esas palabras pasaran?
Y si pasan, y se van, y ya no son más,
Y quedan desentrañadas y borradas del mundo?
Estamos tan hechos a ellas, que casi las olvidamos.
Lo mismo que olvidamos el aspecto de nuestra propia casa,
Y eso que podríamos recorrerla con los ojos cerrados.
No podemos ponerle precio a la luz del sol, o al aire
Y si no podemos ponerles precio a tales palabras
             es que serán como ellos, naturales.
Costó mucho comprarlas, con pasión y con fe.
Fueron compradas con la sangre, amarga y anónima,
De labradores, maestros, zapateros e ilusos.
Que rompieron el viejo orden y el orgullo de los reyes.
Y algunos no vieron el fin, y muchos se cansaron,
Dudando algunos, otros confundidos.
Fueron compradas por los desarrapados del Molino de Valmy;
Por los peones de Lexington con sus largos cañones ligeros
Y sus impasibles rostros de la Nueva Inglaterra;
Por los férreos barones que escribieron la Carta Magna
Para su propio férreo derecho que no era para el pueblo,
Y que sin embargo ese pueblo tomó en las manos
Y firmó con su propio sudor.
Tardamos en comprar esas palabras.
Tardamos tiempo en comprarlas y nos costaron mucho dolor.
Desde entonces y para siempre libres.
Desde entonces y para siempre libres.
“Nadie puede ser encarcelado, multado o muerto
hasta no haber sido juzgado por sus iguales”.
“Para formar una Unión más perfecta”.
Los otros también tienen sus palabras, sus fuertes palabras,
Fuertes como los tanques; como las bombas, explosivas.
El Estado lo es todo, ¡adorad al Estado!
El Caudillo lo es todo, ¡adorad al Caudillo!
¡La fuerza lo es todo, ¡adorad a la fuerza!
¡Adorad, humillaos, o morid!
Yo volveré a mi casa atravesando el parque.
Esto no es Londres o París.
Esta es una ciudad alta y brillante, el lugar afortunado.
El lugar donde siempre sobró tiempo para todo.
Los muchachos en mangas de camisa, aquí: las muchachas primaverales,
             bien plantadas;
Los ciclistas, los niños con sus aviones de juguete;
Los amantes tendidos en el césped sin importarles las miradas ajenas,
Como si estuvieran en una isla fuera del tiempo.
Los chicos callejeros, mojándose con agua de la fuente
Entre los silbidos del guardia.
Los idiotas que escriben “Jimmy es un idiota” en los muros del túnel:
Todos ellos están bien seguros, que nada va a pasarles.
Claro que nada les va a pasar.
Anda a decirle a Frank, en Union Square, que “los Yankees no vienen”,
             como en la otra guerra.
Anda a contar el nuevo chiste con el que los bolsistas 
             se ríen del Presidente.
Cualquiera que sea. Que va a servir de mucho.
Tienes tiempo de beberte el “highball” —mucho tiempo
Anda a decirle al fuego que queme sólo en otra parte.
Anda a decirle a los aviones de bombardeo que se equivocaron de señal.
Al huracán, que pase por el otro lado.
Anda a decirle al terremoto que no haga temblar el suelo
En la noche ha sonado la campana y el aire se estremece con ella.
No voy a poder dormir esta noche cuando sienta pasar el avión.


Versión de Eugenio Florit


Lunes de Revolución, no. 33, 2 de noviembre 1959.



domingo, 21 de mayo de 2017

Thanatopsis



William Cullen Bryant.


A aquel que por amor a la naturaleza mantiene
una comunión con sus formas visibles, ella le habla
un lenguaje diverso; para sus horas más felices
ella tiene la voz de la alegría, y una sonrisa
y la elocuencia de la belleza; y se desliza
en sus meditaciones más sombrías con una suave
y consoladora simpatía que borra
su aspereza antes de que él la note. Cuando los pensamientos
de la última, amarga hora vengan como una plaga
sobre tu espíritu, y las tristes imágenes
de la dura agonía, y la mortaja, y el sudario,
y la oscuridad intensa, y la próxima morada,
te hagan temblar, y desfallecer tu corazón; -
Avanza, bajo el cielo abierto, y escucha
la doctrina de la Naturaleza, mientras de lo que te rodea
-la tierra y sus aguas, y las profundidades del aire-
surge una voz tranquila. Pasarán unos días, y a ti
el Sol que todo lo ve no te verá más
en toda su carrera; ni aun en la fría tierra
en la que con muchas lágrimas colocaron tu forma pálida,
ni en el abrazo del océano existirá
tu imagen. La tierra, que te nutrió, reclamará
tu crecimiento, que te resuelvas en tierra otra vez;
y perdida toda traza humana, rindiendo
tu ser individual, irás
a mezclarte para siempre con los elementos,
a convertirte en hermano de la insensible roca,
de la tarda tierra que el rudo zagal
voltea con su arado, y huella. El roble
alargará sus raíces y traspasará tu sustancia.

A ese lugar de eterno descanso, empero.
no te retirarás tú solamente - ni podrías desear
un lecho de mayor magnificencia. Reposarás
con los patriarcas de la infancia del mundo - con los reyes,
los poderosos de la tierra - los sabios, los buenos,
bellas formas y canosos profetas de las edades pretéritas,
todos en un sepulcro enorme. Las colinas
afianzadas en las rocas y tan antiguas como el Sol, - los valles
que se extienden entre ellas con quietud pensativa;
los bosques venerables - los ríos que se deslizan
majestuosamente, y los arroyos que se quejan
y reverdecen las praderas; y alrededor de todo esto
el derroche melancólico y gris del viejo océano; -
no son sino el solemne ornamento
de la gran tumba del hombre. El sol de oro,
los planetas, todos los infinitos huéspedes del cielo,
brillan sobre la triste morada de la muerte
a través del lapso tranquilo de las edades. Todos los que huellan
el globo, no son sino un puñado en comparación con las tribus
que duermen en su regazo. Toma las alas
de la mañana, y atraviesa el desierto Barcán,
o piérdete en los bosques interminables
que el Oregón atraviesa, sin escuchar ningún sonido,
excepto el de sus propios embates.- Los muertos -empero- están allí;
y millones en aquellas soledades - desde que
el vuelo de los años comenzó - los han colocado allí
para dormir el último sueño. Sólo los muertos reinan allí.
Y de igual modo tú descansarás (¿Y qué sucedería
si te apartaras de los vivos sin que ellos lo notasen, y ningún amigo
advirtiese tu muerte?). Todo lo que respira
compartirá tu sino. Los alegres se reirán
cuando ya estés muerto, la solemne estirpe de la zozobra
continuará trabajando con ahínco, y cada uno como antes perseguirá
su visión favorita; todos estos, empero, dejarán
sus alegrías y sus ocupaciones, y vendrán
y harán sus lechos junto a ti. Mientras el largo tren
de las edades se desliza hacia lo lejano, los hijos de los hombres,
los jóvenes en la verde primavera de la vida, y aquél
cumplido de años, y la matrona, y la doncella,
y el bebé encantador, y el hombre de cabeza gris,
uno a uno serán colocados a tu lado
por aquellos que a su debido tiempo han de seguirlos.
Vive, pues, de modo que cuando te llegue la citación para unirte
a la caravana innumerable que marcha hacia
ese reino misterioso en el que cada uno
ocupará su estancia a lo largo de los silentes corredores de la muerte,
no vayas, como el esclavo picapedrero por las noches
va, azotado, a la mazmorra, sino sostenido y confortado
por una verdad inquebrantable, acércate a la tumba
como aquel que arregla las ropas del lecho
en torno suyo, y se echa a dormir plácidos sueños.


Traducción de Roberto Friol


Revista de la Biblioteca Nacional “José Martí”, enero-junio de 1965.