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viernes, 22 de diciembre de 2017

Balada del psicoanálisis



Lawrence Durrell


(Lunes)
Sueña que la persigue un negro presumido
Pero una caída de agua en el rostro de carbón obstruye el sueño.
Algo largo y enjuto como un cable,
Lento como un glaciar, frío como cosmético,
Algo en su interior susurra: "¡Grita!"

(Martes)
Sueña que la persigue un hombre en camisón,
Lawrence de Arabia vestido con una sábana,
Luego la encierran los tripulantes de un barco Liberty con
Pilas y pilas y pilas de carne enfriada
Mientras las voces repiten: "Come".

(Miércoles)
Sueña que está esposada a un empresario de bailes,
Que la persiguen alrededor de una pista de patinaje:
Engulle el anillo de compromiso de su dedo,
Cae en un charco pero no puede hundirse
Aunque sus prendas íntimas comienzan a encoger.

(Jueves)
Sueña que es reina de una montaña de corcho,
Demasiado caliente para caminar sobre ella, demasiado fría para usarla.
Desnuda, pincha con un tenedor de tostadas
Una estatua de Venus recostada:
No se cobran extras por el deterioro natural.

(Viernes)
Sueña que es un equipo de perros que arrastra al pobre Scott
De un tirón hasta los confines del polo,
Pero de súbito la nieve se vuelve ardiente,
y cuando llegan el polo es apenas un agujero vacío,
Un geyser que silba en una montaña de carbón.

(Sábado)
Sueña que es la reina de una civilización urbana,
Encantadora como Elena pero condenada a ajarse.
Bajo sus muslos fluyen los ríos capitales,
El Rin y el Valga mansos como aceite,
Hamlet le ofrece un florete embotado.

(Domingo)
¿Qué tiene ella, que nosotras no tenemos?
¿No es acaso feliz y además encantadora?
Sueña que su marido es un director de Banco
Encerrado en la jaula de los monos del Zoológico.
Éste es el cuadro clínico, pero ¿qué podemos hacer?



 Versión de la Revista REUNIÓN. Buenos Aires, Verano/1949. Se reprodujo en Revista de la Universidad de México, Enero-Febrero, 1963. p. 48. 

lunes, 18 de diciembre de 2017

Nueva versión de El cementerio marino



Eugenio Florit
                         
                           A la memoria de Mariano Brull y de Jorge Guillen

La obra del traductor no es más —no debe ser más— que un intento de aproximarse lo más amorosamente posible a la obra original que está frente a nosotros, en el idioma en que fue escrita. Muchos pormenores de fondo y forma se nos presentan al leer el texto. En poesía, especialmente, lo que atañe al ritmo y a la rima —al sentido interior de las palabras— a su música allí donde fue sentida y a la que tratamos de imitar en nuestra lengua.

Yo no he querido nunca buscar las consonancias presentes en la obra original, porque allí es en donde se produce más la famosa traición del traductor. El verso blanco nos ofrece mayor libertad para lograr un resultado menos «traidor». Por ello, en esta presentación del poema de Valéry no me he permitido —al igual que muchos de sus traductores—, el forzoso buscar de vocablos consonantes según en la forma francesa aparecen. Creo que para conservar del modo más honrado la idea poética de su autor es preferible —como ya lo han pensado así muchos de mis admirados colegas— ceñir el trabajo a la conservación de la idea y, hasta en muchos casos, las palabras originales cuando así conviene. Un modo respetuoso de mostrar nuestra devoción a su autor.

Como el acto de traducir el verso no se termina nunca, se advertirán en esta publicación de El cementerio marino algunos cambios, que después de su primera edición he ido pensando en mi deseo de hacer mi trabajo menos imperfecto de lo que pueda ser.

De mis simpatías con los versos de Valéry puedo ahora recordar que ya en mi libro Doble acento, escrito entre 1930 y 1936, y publicado en La Habana al año siguiente con el conocido prólogo de Juan Ramón Jiménez, ya, digo, hay unos versos titulados «Elegía distante» (ocho estrofas de cuatro versos alejandrinos cada una, y de rima libre, que llevan el epígrafe del comienzo del poema de Valéry). Lo conocía ya por la traducción que mi grande y buen amigo Mariano Brull me regaló en 1931, al año siguiente de su publicación en París. En aquellos versos míos recordaba yo el pequeño cementerio de Port-Bou (Gerona) que conocía, alto sobre un risco de aquellos montes y no tan cerca, aunque sí sobre el Mediterráneo que saltaba sobre las tumbas del de Séte. De suerte que ahora, al ocurrírseme esto de la traducción del poema francés, no fue nada lejano o improvisado, sino que lo que en ella funcionó fue el recuerdo y amor de aquel pueblo catalán en el que transcurrieron mi infancia y primera juventud. Puede, así, verse cómo el mar aquel de tales años míos no se me quedó, por Gracia de Dios, en la sombra del olvido.

Agradezco mucho a mi amigo Ladislao F. Duranza las fotocopias de algunas de las traducciones al español de este poema -Jorge Guillen, Alfonso Rubio, Emilio Gaseó— con otros importantes documentos sobre el mismo, todo lo cual me ha servido para atreverme a hacer esta versión que ofrezco.


El cementerio marino*

Techo tranquilo, senda de palomas,
Que palpita entre pinos y entre tumbas;
El Mediodía exacto en él se enciende
El mar, el mar que siempre en sí comienza.,
¡Qué recompensa, tras un pensamiento,
Es contemplar la calma de- los dioses!

¡Qué pura obra de fulgor absorbe
Tantos diamantes de invisible espuma!
¡Y cuánta paz parece aquí alcanzarse!
Cuando sobre el abismo el so! reposa
—Puras labores de una eterna causa-
Relumbra el tiempo y el saber es sueño.

Firme tesoro, templo de Minerva,
Suma de calma y lúcido secreto,
Agua que tiembla y Ojo que en ti guardas
Bajo un velo de llamas tanto sueño.
¡Oh, mi silencio... Edifica en mi alma,
Mas, Techo, colma de oro las mil tejas!

Templo del Tiempo, junto en un suspiro:
A esta pureza asciendo y me descanso
De mi mirar marino rodeado;
Y así a los dioses en suprema ofrenda,
Ese sereno centelleo siembra
Un desdén soberano en las alturas.

Como la fruta en gusto se disuelve,
Como en delicia múdase su ausencia
En una boca en que su forma muere,
De mi humo futuro el aire aspiro
Y el cielo canta al alma consumida
El cambio de riberas rumorosas.

¡Cielo cierto y hermoso, he aquí mi cambio:
Después de tanto orgullo y tanta extraña
Ociosidad, aunque llena de fuerzas,
A tu brillante espacio me abandono,
Por mansiones de muerte va mi sombra
Que me aprisiona en su moverse frágil.

Expuesta el alma a antorchas del solsticio,
Yo te respeto, admiro, la justicia
De la luz, la de armas sin piedad;
Te vuelvo, pura, a tu lugar primero.
¡Mírate!... Aunque la luz que se devuelve
En su lugar deja una triste sombra.

Para mí solo, solo en mí, en mí mismo
Cerca del corazón, fuente del verso,
Entre el vacío y el suceso puro,
De mi interior grandeza espero el eco:
¡Amarga, oscura y sonora cisterna
Que porvenir vacío ofrece al alma!

¿Sabes, falso cautivo del follaje,
Golfo roedor de estas frágiles rejas
—Secretos deslumbrantes a mis ojos—
Qué perezoso cuerpo aquí me arrastra,
A esta tierra de huesos qué le atrae?
Es un fulgor que ahí piensa en mis ausentes.

Cerrado, sacro, ardiendo sin materia,
Casco de tierra a la luz ofrendado,
Me place este lugar lleno de antorchas,
Formado de oro y piedra y umbríos árboles
Que tanto mármol tiembla en tantas sombras.
¡El mar fiel duerme aquí entre mis tumbas!

¡Ahuyenta, perra espléndida, al idólatra!
Mientras solo, en sonrisa de pastor
Apaciento corderos misteriosos
—Albo rebaño de tranquilas tumbas—,
Aléjame las prudentes palomas,
Los vanos sueños, los curiosos ángeles.

El porvenir, aquí, sólo es pereza;
El claro insecto escarba en sequedades;
Todo quemado, mustio, sube al aire,
A yo no sé qué esencia rigurosa...
La vida es vasta, como ebria de ausencias
Y es dulce el amargor, claro el espíritu.

Los muertos se hallan bien en esta tierra
Que recalienta y seca su misterio.
Fijo en lo alto, el alto Mediodía
Se piensa en sí, y a sí mismo se ajusta...
En ti yo soy el cambio más secreto,
La cabeza total y su diadema.

Sólo yo puedo detener tu angustia.
Mi contrición, mis dudas, mis afanes,
Defectos son de ése tu gran diamante...
Mas en su noche de pesados mármoles
Un pueblo incierto entre raíces de árboles
Ya lentamente se abrazó a tu suerte.

Allí, fundidos en espesa ausencia,
La roja arcilla se sorbió lo blanco
Y el don de vida se pasó a las flores.
¿Dónde están las palabras de los muertos,
Su arte original, sus almas únicas?
La larva teje donde fue la lágrima.

Los gritos de muchachas con cosquillas,
Ojos, dientes y humedecidos párpados,
Seno cautivador que en fuego juega,
Sangre que brilla al labio que se entrega;
Dedos que acogen últimas caricias;
Todo ¡en la tierra llega a su destino!

Y tú, alma mía, ¿aún esperas el sueño
Que ya no tenga este color de engaño
Que la onda y oro ante mis ojos muestran?
¿Aún cantarás cuando vapor ya seas?
¡Todo huye! Es vana mi existencia
Y la santa impaciencia también muere.

Seca inmortalidad, negra y dorada:
Consoladora tú, de horrendos lauros,
Que en seno maternal cambias la muerte,
Bella mentira de piadoso engaño:
¿Quién no conoce y quién no los rechaza
Ese cráneo vacío en risa eterna?

Padres profundos de cabezas hueras
Que bajo el peso de las paletadas
Tierra sois ya, y confundís mis pasos:
El roedor gusano verdadero
No está en aquel que duerme tras la losa:
¡Vive de vida y no me deja nunca!

¿Amor, tal vez, tal vez odio a mí mismo?
Tan cerca siento lo íntimo que muerde,
Que cualquier nombre puede convenirle.
¡Qué importa! El mira, quiere, sueña, toca,
Ama mi carne y hasta en el lecho
Yo vivo de vivir en su dominio.

¡Zenón, cruel Zenón! ¡Zenón de Elea!
¡Me has traspasado con tu flecha alada
Que vibra y vuela, y que no vuela ya!
¡Nazco del son y mátame la flecha!
¡Ah, el sol! ¡Qué sombra de tortuga al alma
Cuando, inmóvil, Aquiles va en carrera!

¡No, no! ¡En pie, en el tiempo futuro!
¡Rompe, cuerpo, esta forma pensativa!
¡Bebe, mi pecho, este nacer del viento!
Una frescura que este mar exhala
Me vuelve el alma... ¡Oh poderoso mar!
¡Corramos a la onda en salto alegre!

¡Oh, sí, gran mar tan lleno de delicias,
Piel de pantera y clámide horadada
Por mil y mil imágenes del sol!
Hidra total, de tu carne azul ebria,
Que te muerdes la cola refulgente
En confusa pareja del silencio.

¡Se alza el viento!... ¡Tratemos de vivir!
Abre y cierra mi libro el aire inmenso.
La ola en polvo hace brillar las rocas.
¡Volad, volad, páginas deslumbradas!
¡Romped, olas alegres, el tranquilo
Techo donde las velas picotean!

 *El texto original francés de estos versos, publicados por primera vez en la Nouvelle Revue Franjaise el 1.° de junio de 1920, lleva, en griego, el siguiente epígrafe: «Alma mía, no aspires a la vida inmortal. Apura antes bien, el imperio de lo factible.» Píndaro, Piticas III.


 Tomado de Cuadernos Americanos, núm. 491, mayo de 1991, pp. 43-48. 

jueves, 30 de noviembre de 2017

Versos del testamento




Pier Paolo Pasolini


La soledad: se necesita ser muy fuertes
para amar la soledad; hay que tener buenas piernas
y una resistencia física fuera de lo común; se debe estar a reguardo
de refriados, influenza o dolor de garganta; no se debe temer
a ladrones o asesinos; si toca caminar
toda la tarde o tal vez toda la noche
es necesario hacerlo sin aprensión; nada de sentarse,
especialmente en invierno, con el viento sobre la hierba mojada
y entre la basura y las losas húmedas y fangosas;
no existe consuelo alguno, sobre eso no hay duda,
como no sea tener por delante un día entero y una noche
sin deberes ni límites de ningún tipo.
El sexo es un pretexto. Por muchos que sean los encuentros
-e incluso en invierno, en calles abandonadas al viento,
entre montones de basura contra los edificios lejanos,
son muchos- no son más que momentos en la soledad;
mientras más cálido y vivo es el cuerpo gentil
que unge de semen y se va
más frío y mortal es alrededor el querido desierto;
es eso lo que llena de alegría, como un viento milagroso
y no la sonrisa inocente o la turbia prepotencia
de quien luego se va; se lleva consigo una juventud
enormemente joven; y en esto es inhumano,
porque no deja huellas, o mejor, deja una sola huella
que es siempre la misma en todas las estaciones.
Un muchacho en sus primeros amores
no es otra cosa que la fecundidad del mundo.
Es el mundo el que así llega con él; aparece y desaparece,
como una forma que cambia. Quedan intactas todas las cosas,
y ya podrás recorrer media ciudad, que no volverás a encontrarlo;
el acto se ha consumado, su repetición es un rito. Por lo que
la soledad es aún más grande si una multitud entera
espera su turno: de hecho crece el número de desapariciones
-irse es huir- y lo que sigue incumbe al presente
como un deber, un sacrificio que atañe al deseo de muerte.
Al envejercer, sin embargo, el cansancio comienza a hacerse sentir,
en especial en ese momento en que apenas pasó la hora de la cena
y para ti nada ha cambiado; entonces por poco no gritas o lloras;
y eso sería magnífico si no fuera exactamente nada más que cansancio
y tal vez un poco de hambre. Magnífico, porque querría decir
que tu deseo de soledad no puede estar más satisfecho
¿y entonces qué puedes esperar, si aquello que no se considera soledad
es la verdadera soledad, aquella que no puedes aceptar?
No hay cena o almuerzo o complacencia del mundo
que valga una caminata sin fin por las calles pobres,
donde se necesita ser desgraciados y fuertes, hermanos de los perros. 


Versi del testamento

La solitudine: bisogna essere molto forti
per amare la solitudine; bisogna avere buone gambe
e una resistenza fuori del comune; non si deve rischiare
raffreddore, influenza o mal di gola; non si devono temere
rapinatori o assassini; se tocca camminare
per tutto il pomeriggio o magari per tutta la sera
bisogna saperlo fare senza accorgersene; da sedersi non c’è;
specie d’inverno; col vento che tira sull’erba bagnata,
e coi pietroni tra l’immondizia umidi e fangosi;
non c’è proprio nessun conforto, su ciò non c’è dubbio,
oltre a quello di avere davanti tutto un giorno e una notte
senza doveri o limiti di qualsiasi genere.
Il sesso è un pretesto. Per quanti siano gli incontri
– e anche d’inverno, per le strade abbandonate al vento,
tra le distese d’immondizia contro i palazzi lontani,
essi sono molti – non sono che momenti della solitudine;
più caldo e vivo è il corpo gentile
che unge di seme e se ne va,
più freddo e mortale è intorno il diletto deserto;
è esso che riempie di gioia, come un vento miracoloso,
non il sorriso innocente o la torbida prepotenza
di chi poi se ne va; egli si porta dietro una giovinezza
enormemente giovane; e in questo è disumano,
perché non lascia tracce, o meglio, lascia una sola traccia
che è sempre la stessa in tutte le stagioni.
Un ragazzo ai suoi primi amori
altro non è che la fecondità del mondo.
È il mondo che così arriva con lui; appare e scompare,
come una forma che muta. Restano intatte tutte le cose,
e tu potrai percorrere mezza città, non lo ritroverai più;
l’atto è compiuto, la sua ripetizione è un rito. Dunque
la solitudine è ancora più grande se una folla intera
attende il suo turno: cresce infatti il numero delle sparizioni –
l’andarsene è fuggire – e il seguente incombe sul presente
come un dovere, un sacrificio da compiere alla voglia di morte.
Invecchiando, però, la stanchezza comincia a farsi sentire,
specie nel momento in cui è appena passata l’ora di cena,
e per te non è mutato niente; allora per un soffio non urli o piangi;
e ciò sarebbe enorme se non fosse appunto solo stanchezza,
e forse un po’ di fame. Enorme, perché vorrebbe dire
che il tuo desiderio di solitudine non potrebbe esser più soddisfatto,
e allora cosa ti aspetta, se ciò che non è considerato solitudine
è la solitudine vera, quella che non puoi accettare?
Non c’è cena o pranzo o soddisfazione del mondo,
che valga una camminata senza fine per le strade povere,
dove bisogna essere disgraziati e forti, fratelli dei cani.

de Trasumanar e organizzar (1971)


Versión: P.M. de A.

La cabra


Umberto Saba

Le hablé a una cabra.
Estaba atada y sola en el campo,
repleta de hierba, empapada
por la lluvia, y balaba.  

Semejante balido era fraterno
a mi dolor. Le respondí, primero
en broma, luego, porque el dolor es eterno,
tiene una voz y no cambia.
Esa voz sentí gemir
en una cabra solitaria.

En una cabra de cara semita
sentí querellarse todos los males,
de todas las vidas.


La capra


Ho parlato a una capra.
Era sola sul prato, era legata.
Sazia d’erba, bagnata
dalla pioggia, belava.

Quell’uguale belato era fraterno
al mio dolore. Ed io risposi, prima
per celia, poi perché il dolore è eterno.
ha una voce e non varia.
Questa voce sentiva
gemere in una capra solitaria.

In una capra dal viso semita
sentiva querelarsi ogni altro male,
ogni altra vita.


versión, P. M. de A.


La cabra



Leonardo Sinisgalli


La cabra inquieta desde la mañana,
la cabra bizantina prisionera
sollozando en su cueva,
lamenta los bellos acantilados.
Al alba la marcaron
para sacrificarla.


La capra

La capra inquieta al mattino,
la capra bizantina singhiozza
prigioniera nella grotta,
rimpiange i bei dirupi.
All'alba l'hanno segnata
per essere sacrificata.


Trad. P. M. de A

lunes, 20 de noviembre de 2017

Dos poemas


Nelo Risi


Telediario

De pie en el círculo de sombra
como salvajes alrededor del fuego
entra afablemente en la familia
alguna imagen de exterminio
Así cada noche teoriza
la violencia de la historia.

                                    (1961)

Una sola familia

El obrero engorda la máquina
la máquina engorda al patrón
de noche ambos se asoman
a un balcón que da a la fábrica
nuestra fábrica dice el patrón
el obrero prefiere callar

                                     (1960)


Telegiornale

Stando nel cerchio d'ombra
come selvaggi intorno al fuoco
bonariamente entra in famiglia
qualche immagine di sterminio.
Così ogni sera si teorizza
la violenza della storia.

                                      (1961)

Una sola famiglia

L'operaio ingrassa la macchina
la macchina ingrassa il padrone
entrambi si affacciano a sera
a un balcone che dà sulla fabbrica
la nostra fabbrica dice il padrone
l'operaio preferisce tacere.

                                       (1960)


Trad. Pedro Marqués de Armas


sábado, 18 de noviembre de 2017

POST SCRIPTUM




Leonardo Sinisgalli


Alguno goza en el huerto
su hora de satisfacción,
algún enfurecido escribe versos
entre las cestas de nueces,
alguno raspa el sarro de los barriles
hasta el fondo. A media edad
el poeta sobrevive. Su suerte
duró un respiro, un destello
su gracia.



POST SCRIPTUM

Qualcuno gode nell'orto
la sua ora di delizia,
qualcuno forsennato
scrive versi tra le ceste di noci,
qualcuno raschia il tartaro dalle botti
nei sottani. A mezza età
il poeta sopravvive. La sua fortuna
durò un soffio, un lampo
la sua grazia.


Versión Pedro Marqués de Armas


viernes, 17 de noviembre de 2017

Las jóvenes parejas



Luciano Erba

Las jóvenes parejas de postguerra
almorzábamos en espacios triangulares
en apartamentos próximos a la feria
las ventanas tenían círculos en las cortinas
el mobiliario era lineal, con pocos libros
el invitado que trajo el chianti
que bebíamos en vasos de vidrio verde
fue el primer siciliano en mi vida
éramos su modelo de desarrollo.


Le giovani coppie

Le giovani coppie del dopoquerra
pranzavano in spazi triangolari
in appartamenti vicini alla fiera
i vetri avevano cerchi alle tendine
i mobili erano lineari, con pochi libri
l´invitato che aveva portato del chianti
bevevamo in bicchieri di vetro verde
era il primo siciliano della mia vita
noi eravamo il suo modello di sviluppo.


Versión Pedro Marqués de Armas


martes, 14 de noviembre de 2017

Lucania



Leonardo Sinisgalli


Al peregrino que asoma en un cruce de caminos
a quien desciende por el estrecho de los Alburni
o hace el viaje de las ovejas junto a la costa de la Sierra,
al buitre que corta de tajo el horizonte
con un reptil en las garras, al soldado, al emigrante,
a quien regresa de los santuarios o del exilio, al que duerme
en los rediles, al cabrero, al colono, al vendedor,
la Lucania abre sus tierras rasas
sus valles donde los ríos fluyen lentos
como ríos de polvo.

En mi dolorosa provincia, el espíritu del silencio
está en todas partes. De Elea a Metaponto,
sofisticado y de oro, problemático y sutil,
devora el aceite en las iglesias, pone la capucha
en las casas, hace al monje en la gruta, crece
con la hierba en los umbrales de viejos pueblos devastados.

El sol en ángulo sobre los laureles, el sol bueno
con los cuernos grandes, el paladar fragante,
el sol ávido de niños, ¡aquí están las plazas!
Tiene el paso del buey perezoso, y sobre la hierba
sobre los pedernales deja grandes manchones
llenos de larvas.

Tierra de madres gordas, de padres oscuros
y lustrosos como esqueletos, llena de gallos
y de perros, de bosques y piedra caliza, tierra
magra donde el trigo crece a duras penas
(carosella, granoturco, granofino)
y el vino no es rutilante (menta
del Agri, basilico del Basento)
y la aceituna tiene el sabor del olvido,
el sabor del llanto

En un aire volcánico, fuertemente incendiable
los árboles respiran con palpitaciones inusuales;
el roble hace crecer los troncos con la sustancia del cielo.
Montones de escombros intactos por siglos:
nadie mueve una piedra para no horrorizarse.
Debajo de cada piedra, digo, el infierno tiene su ombligo.
Solo un muchacho puede apoyarse en los bordes 
del abismo para apoderarse del néctar 
entre matorrales plagados de mosquitos 
y tarántulas.

Yo regresaré vivo bajo tus lluvias rojas,
regresaré sin culpa para golpear el tambor,
atar el mulo a la puerta,
recolectar caracoles en los huertos.
¿Oiré humear los rastrojos, la pulpa,
las fosas, oiré al mirlo cantar
bajo los lechos, oiré a la gata
cantar sobre las tumbas?


Lucania


Al pellegrino che s’affaccia ai suoi valichi
a chi scende la stretta degli Alburni
o fa il cammino dele pecore lungo le coste della Serra,
al nibbio che rompe il filo dell’orizzonte
con un rettile negli artigli, all’emigrante, al soldato,
a chi torna dai santuari o dall’esilio, a chi dorme
negli ovili, al pastore, al mezzadro, al mercante
la Lucania apre le sue lande,
le sue valli dove i fiumi scorrono lenti
come fiumi di polvere.

Lo spirito del silenzio sta nei luoghi
della mia dolorosa provincia. Da Elea a Metaponto,
sofistico e d’oro, problematico e sottile,
divora l’olio nelle chiese, mette il cappuccio
nelle case, fa il monanco nella grotte, cresce
con l’erba alle soglie dei vecchi paesi franati.

Il sole sbieco sui lauri, il sole buono
con le grandi corna, l’odorosa palato,
il sole avido di bambini, ecco le piazze!
Ha il passo pigro del bue, e sull’erba
sule selci lascia le grandi chiazze
zeppe di larve

Terra di mammane grasse, di padri scuri
e lustri come scheletri, piena di galli
e di cani, di boschi e di calcare, terra
magra dove il grano cresce a stento
(carosella, granturco, granofino)
e il vino non è squillante (menta
dell’Agri, basilico del Basento)
e l’uliva ha il gusto dell’oblio,
il sapore del pianto.

In un’aria vulcanica, fortemente accensibile,
gli alberi respirano con un palpito inconsueto;
le querce ingrossano i ceppi con la sostanza del cielo.
Cumuli di macerie restano intatte per secoli:
nessuno rivolta una pietra per non inorridire.
Sotto ogni pietra, dico, ha l’inferno il suo ombelico.
Solo un ragazzo può sporgersi agli orli
dell’abisso per cogliere il nettare
tra i cespi brulicanti di zanzare
e di tarantole.

Io tornerò vivo sotto le tue piogge rosse,
tornerò senza colpe a battere il tamburo,
a legare il mulo alla porta,
a raccogliere lumache negli orti.
Udrò fumare le stoppie, le sterpaie,
le fosse, udrò il merlo cantare
sotto i letti, udrò la gatta
cantare sui sepolcri?


Versión Pedro Marqués de Armas