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miércoles, 31 de agosto de 2016

El regreso




Juan Luis Panero



Lo vi solamente tres veces en mi vida.
La primera vez me pareció tartamudo y educado,
la segunda vez, igualmente tartamudo y educado,
aunque más inteligente y, sobre todo, más entrañable,
la tercera vez, entre rumor de gentes, apenas sí pude saludarlo.
Pocos días después de estos encuentros,
menos de dos semanas, me telefoneó mi madre,
me dijo: “Calvert Casey se ha suicidado en Roma”.
Leí después el libro que él me dedicó,
y en especial un cuento: “El regreso”.
Allí estaba todo claro, no había error,
debimos darnos cuenta antes.
Pero hubiera sido igual, absolutamente igual.
Hablar de esa implacable inteligencia desasida,
De esa manera de estar frente a todos
y todavía más, frente a sí mismo,
hoy parecería retórica hueca, palabras enjauladas.
Ni absurda exégesis, ni homenaje cansado,
por un instante, sólo por un instante,
que mis palabras lo traigan
-tartamudo, educado, inteligente y muerto-,
después de tanto tiempo, a este papel en blanco.  






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