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miércoles, 18 de febrero de 2015

Ecos de la prensa



Bruno Schulz


Sin el aplauso del mundo, trabaja (en Drohonycz) con una ensimismada y serena pasión benedictina un extraño artista, enamorado de las leyendas de siglos pasados, que estudia los antiguos documentos, escruta los archivos de la alcaldía e investiga los amarillecidos papeles de la parroquia; se trata del señor Lachawicz, que hace revivir el pasado de nuestra ciudad.

El señor Lachawicz, estudiando con ejemplar esmero los antiguos misales, los libros sagrados y códices, penetró tan a fondo en el estilo de esas obras del arte iluminista que lo conoce al dedillo. El señor Lachawicz tiene un exquisito gusto decorativo. Al parecer –sin ningún esfuerzo e instintivamente- sabe armonizar texto, ornamento e imagen. Como si este artista hubiese descubierto una riquísima vena inventiva que apenas puede controlar. Sin duda alguna, nos encontramos ante un extraordinario fenómeno de epigonismo o atavismo artístico, una reencarnación del antiguo arte iluminista y su traslación a los tiempos modernos.

En esta época agitada y transitoria representa un caso excepcional.

El señor Lachawicz debería ser más conocido en el ámbito de la gráfica contemporánea, puesto que parece no tener competencia. Confiamos que los gestores de nuestra ciudad no dejen escapar la posibilidad de adquirir ese excepcional trabajo de un artista que ha sabido convocar a través de su obra la memoria de Drohobycz.



Primera edición: Przeglad Podkarpacia, Nº 12, 1934
Reimpresión: Jerzy Ficowski, Oklolice…p. 40.


Tomado de Ensayos críticos, 2004. 




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