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martes, 24 de febrero de 2015

A un joven






Carlos Drummond de Andrade



Estimado Alipio:


Ayer por la noche, al salir usted de mi departamento, adonde vino en busca de sabiduría griega y sólo encontró un coñac y un gato llamado Crispín, decidí pasar por escrito lo que le dijera. ¿Lección de escepticismo? No. Eso uno lo aprende solo. La única cosa que se puede remotamente concluir de lo que conversamos es: no vale la pena practicar la literatura, si ella contribuye a agravar la falta de caridad que traemos desde la cuna.

Por eso, y porque no adelantaría nada, no le doy consejos. Le doy anticonsejos, hijo mío. Y si lo llamo hijo perdone: es costumbre de la gente madura. Podría llamarle hermano, tan semejante somos, a pesar del tiempo y de los pormenores físicos: ambos cultivamos lo real ilusorio, que es un bien y un mal para el alma. Poco queda por hacer cuando no nacemos para los negocios ni para la política ni para el oficio de las armas. Nuestro negocio es la contemplación de la nube. Que por lo menos ello no nos torne demasiado antipáticos a los ojos de los coetáneos absorbidos por preocupaciones más seculares. Recoja pues estos apuntes. Alipio, y sepa que lo estimo:

I. Sólo escriba cuando del todo no pueda dejar de hacerlo. Y siempre se puede dejar.
II. Al escribir, no piense que va a derribar las puertas del misterio. No derribará nada. Los mejores escritores consiguen apenas reforzarlo, y no exija de sí tamaña proeza.
III. Si permanece indeciso entre dos adjetivos, deje fuera ambos, y use el sustantivo.
IV. No crea en la originalidad, está claro. Pero no vaya a creer tampoco en la banalidad, que es la originalidad de todo el mundo.
V. Lea mucho y olvide lo más que pueda.
VI. Anote las ideas que tenga en la calle, para evitar desarrollarlas. La casualidad es mal consejero.
VII. No se sienta orgulloso si le dicen que su nuevo libro es mejor que el anterior. Quiere decir que el anterior no era bueno.
VIII. Pero si le dicen que su nuevo libro es peor que el anterior, puede ser que le digan la verdad.
IX. No responda a los ataques de quien no tiene categoría literaria: sería perder el tiempo. Y si el atacante tuviera categoría, no ataque, pues tiene otras cosas que hacer.
X. ¿Cree que su infancia fue maravillosa y merece ser recordada en todo momento en sus escritos? Sus compañeros de infancia ahí están, y tienen opinión diferente.
XI. No salude con humildad al escritor famoso, ni al escritor oscuro con soberbia. A veces ninguno de ellos vale nada, y en la duda lo mejor es ser atento para con el prójimo, incluso si se trata de un escritor.
XII. El portero de su edificio probablemente ignora la existencia, en el inmueble, de un escritor excepcional. No juzgue por eso que todos los asalariados modestos sean insensibles a la literatura, ni que haya obligatoriamente escritores excepcionales en todos los edificios.
XIII. No saque copias de sus cartas, pensando en el futuro. El fuego, la humedad y las polillas pueden inutilizar su cautela. Es más simple confiar en la falta de método de esos tres críticos literarios.


                                                         II


Aquí le mando, joven Alipio, otras grageas de supuesta sabiduría, para completar así la instrucción que le suministré.

XIV. Procure hacer que su talento no ofenda el de sus compañeros. Todos tienen derecho a presumir genialidad exclusiva.
XV. Haga fichas de lectura. Las papelerías aprecian ese hábito. Las fichas absorberán su exceso de vitalidad y, no usadas, son inofensivas.
XVI. Si siente propensión hacia el gang literario, instálese en el seno de su generación y ataque. No hay policía para ese género de actividad. El castigo son sus compañeros y luego el tedio.
XVII. No se juzgue más honesto que su amigo porque sabe identificar un elogio falso, y él no. Tal vez usted sea apenas más duro de corazón.
XVIII. Evite disputar premios literarios. Lo peor que puede suceder es que los gane, otorgado por jueces a los que usted y su sentido crítico jamás premiarían.
XIX. Su vanidad asume formas tan sutiles que llega a confundirse con la modestia. Haga una prueba: proceda conscientemente como vanidoso, y verá cómo se siente.
XX. Sea más tolerante con el fanfarronismo de su amigo; casi siempre esconde una deficiencia, y sólo impresiona a otros fanfarrones.
XXI. En cuanto a su propio fanfarronismo, éste se enfriará si usted observa que, en la hipótesis más cristalina, es objeto de tolerancia ajena.
XXII. Antes de reproducir en la solapa de su libro la opinión del cofrade, piense, primero, que él no autorizó su divulgación; segundo, que la opinión puede ser mera cortesía; tercero, que usted no admira tanto a su cofrade.
XXIII. Procure ser justo con los otros; si fuera muy difícil, bondadoso; en el peor de los casos, elusivo.
XXIV. Opinión duradera es la que se mantiene válida por tres meses. No exija mayor coherencia de los otros ni se sienta obligado intelectualmente a tanto. Y proceda a la revisión periódica de sus admiradores.
XXV. Procure no mentir, a no ser en los casos indicados por la cortesía o por la misericordia. Es arte que exige gran refinamiento, y usted será recibido allí dentro de diez años, si llega a ser famoso; y si no llega, no habrá valido la pena.
XXVI. Déjese fotografiar con placer, sin llamar a los fotógrafos; no rechace dar autógrafos i se mortifique si no se los piden. Homero no dejó cartas ni retratos, Baudelaire dejó unos y otros. Lo esencial sucede con otros papeles.
XXVII. Usted tiene un diario para explicarse: ¿se encuentra tan confundido? Para justificarse: ¿su conciencia anda medio turbia? Para proyectarse en el futuro: ¿se juzga tan extraordinario?
XXVIII. Trate a las corporaciones con cortesía, pues algún día puede ingresar en una; con indiferencia, pues lo más probable es no ingresar nunca.
XIX. Aplíquese a no sufrir con el éxito de su compañero, incluso admitiendo que él sufra por el suyo. Por egoísmo, ahórrese cualquier especie de sufrimiento.
XXX. Una buena combinación moral es la del orgullo y la humildad; ésta nos absuelve de nuestras flaquezas, aquél nos impide caer en otras. En cuanto a los santos escritores, es de suponer que fueran canonizados a pesar de su condición literaria.
XXXI. Sea discreto. Es lo más cómodo.



Traducción: Inti García Santamaría



 El poeta y su trabajo / 17 –otoño 2004. 




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