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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Dos poemas de Miroslav Holub





El cabo que apuñaló a Arquímedes


De intrépido impacto
mató la tangente, el círculo
y la intersección de líneas paralelas
en el infinito.

Bajo pena
de descuartizamiento
prohibió los números
del tres para arriba.

En Siracusa ahora
acaudilla una escuela de filósofos,
lleva dos milenios
sentado en la alabarda
y escribe:

un dos

un dos

un dos

un dos.






Mosca


Posada en el tronco de un sauce
observaba
un trozo de la batalla de Crécy,
rugidos,
resuellos,
gemidos,
taconazos y caídas.

Durante la decimocuarta carga
de la caballería francesa
se apareó con un mosco ojopardo
de Vadincourt.

Se frotaba las patas
a los lomos de un caballo destripado,
reflexionando
sobre la inmortabilidad de las moscas.

Se posó, aliviada,
en la lengua azul
del duque de Clairvaux.

Cuando hubo caído el silencio
y sólo el susurro putrefacto
rodeaba los cuerpos
y un par de brazos y piernas,
respingando,
se fajaban aún bajo un haya,
comenzó a poner huevos
en el único ojo
de Johann Uhr,
armero del rey.

Y en esas
la devoró un vencejo
que huía
de Estrées en llamas.





Traducción de Carlos Cid Abasolo y Šárka Grauová




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